Marta, responsable de proyectos en MailerLite.
¿Alguna vez has abandonado una web por ser demasiado lenta o confusa? La frustración del cliente es una pérdida de dinero directa para tu negocio.
Por eso, el día de hoy te hablaré sobre la experiencia de usuario (UX).
Te comentaré qué es, cuáles son sus elementos, aspectos clave y las etapas que puedes seguir para aplicarla de mejor forma en tus productos o servicios.
El objetivo aquí es que, a través de una buena experiencia de usuario, beneficies a tus clientes y, con ello, mejores tanto la reputación como la facturación de tu negocio.
¡Deja de adivinar qué quieren tus compradores o suscriptores y empieza a diseñar para ellos! Apúntate todo lo que te cuento.
La experiencia de usuario (UX) es la sensación general que tiene una persona antes, durante y después de interactuar con un producto digital o físico, como una aplicación móvil, una página web o incluso un servicio como pedir una pizza.
No es solo cómo se ve, sino cómo funciona y cómo les hace sentir. En otras palabras:
🤩 Es la percepción, el sentimiento y la respuesta que una persona tiene como resultado de usar o anticipar el uso de un producto, servicio o sistema.
Abarca todos los puntos de contacto, como sitios web, aplicaciones, atención telefónica, embalaje, y se centra en el usuario para asegurar que sus interacciones con dichos productos o servicios sean eficientes, satisfactorias y placenteras.
Te pongo un ejemplo breve para ilustrar esto mucho mejor:
Imagina que quieres comprar un pasaje de avión en una aplicación:
Buena UX: puedes ver los precios, las fechas y los asientos disponibles claramente en pocos clics. La aplicación recuerda tus datos para pagar y te confirma la compra en menos de un minuto. Resultado: te sientes eficiente y usas la aplicación siempre.
Mala UX: tienes que buscar el destino tres veces, la página de pagos se cae y el botón de comprar está escondido en un menú lateral. Resultado: frustración, abandono de la compra y búsqueda de otra aerolínea.
Como se observa, una UX bien hecha separa los procesos fáciles que dejan buen sabor de boca de aquellos que son frustrantes y hacen que pierdas oportunidades tanto con clientes actuales como potenciales.
Maximizar la retención: ayuda a que el usuario regrese, construyendo lealtad a largo plazo.
Aumentar la satisfacción: deja una emoción positiva para que el cliente se convierta en promotor.
Optimizar la conversión: sirve para minimizar los obstáculos (fricción) que impiden que el usuario complete la compra o acción deseada.
Mejorar la usabilidad: hace que el producto sea intuitivo, fácil de usar y lógico.
Reducir costos de soporte: un diseño claro disminuye las dudas y la necesidad de atención al cliente.
Prevenir rediseños costosos: cuando se investiga bien al inicio, se previenen errores costosos de arreglar después del lanzamiento.
La UX, asimismo, es un factor principal para destacar frente a otros productos similares.
Si se planifica correctamente, aumenta el valor percibido de tu producto y marca, justificando un precio mayor.
El funcionamiento de la experiencia de usuario se basa en cómo piensa el cerebro humano y en la interacción continua. Es un ciclo constante de expectativa versus realidad.
Piensa en ella como un mapa que guía al usuario y se encarga de quitar todos los obstáculos del camino.
El objetivo es que la persona logre lo que vino a hacer de la manera más rápida y eficiente posible. El ciclo es simple:
Intención (necesidad): el usuario llega a una página o aplicación con un objetivo muy claro. Por ejemplo, «Quiero ver el clima» o «Necesito pagar esta factura».
Interacción (uso): el usuario empieza a usar las funciones del producto.
Percepción y respuesta: el producto le responde. Si la respuesta es rápida, clara y exactamente lo que esperaba, el usuario se siente satisfecho. Si hay confusión o un error, se frustra.
Resultado (meta alcanzada): la persona logra o no logra su objetivo. Si lo consigue sin problemas, se refuerza la confianza en el producto y la marca, dejando una sensación de eficiencia y competencia. Un resultado fallido o incompleto produce frustración, promoviendo el abandono y haciendo que haya baja retención.
Por lo tanto, la UX se trata de diseñar para que la realidad siempre cumpla o supere la expectativa del usuario en cada paso que da.
Imagina la experiencia de usuario (UX) como la construcción de un edificio en cinco pasos o planos. No se puede empezar por pintar las paredes. Es necesario crear una base y construir desde allí.
Cuando se trata de UX, el marco más aceptado para crearla es el modelo de los cinco planos, que ayuda a abordar el proyecto de forma ordenada.
Este método garantiza que cada decisión tomada esté justificada y cumpla con un objetivo claro.
De acuerdo con eso, los elementos de la UX son los siguientes.
Esta es la capa fundamental y también la más abstracta. Antes de dibujar cualquier cosa, se define el porqué.
Se establecen los objetivos de negocio y las necesidades del usuario. Este paso asegura que el producto no solo sea bonito, sino que tenga un valor claro y un propósito comercial sólido.
Una vez que el propósito está claro, el alcance define los límites y las promesas.
Se detalla exactamente qué funcionalidades tendrá el sistema (por ejemplo: «El sistema debe tener una herramienta de filtrado avanzada») y qué contenido será necesario, como guías de ayuda, artículos de blogs explicativos, videos, imágenes, políticas de privacidad, entre otros.
Este paso es sumamente importante para evitar agregar funciones innecesarias que complican la experiencia.
Aquí, el enfoque está en cómo va a interactuar el usuario con el sistema y cómo el sistema va a reaccionar ante dicha interacción.
Con este objetivo, la arquitectura de la información (AI) organiza y determina cómo será la disposición de los elementos que forman el contenido del sistema, haciendo que sean sencillos de encontrar y entender. Un ejemplo es el diseño de menús y categorías.
El diseño de interacción, por su parte, establece cómo reacciona el sistema ante las acciones del usuario, asegurando que el flujo sea lógico y que el usuario reciba la retroalimentación adecuada.
El esqueleto es la representación tangible de la estructura. En otras palabras, es el plano o armazón de la pantalla.
Define dónde deben ir todos los botones, menús y textos para que el usuario sepa exactamente cómo interactuar y moverse dentro del producto.
Para ello, toma en cuenta 3 aspectos:
Diseño de interfaz (UI): se ocupa de la disposición física de los elementos en la pantalla. Es decir, dónde se ponen los botones, los campos para escribir y las imágenes, de modo que sean fáciles de ver y de usar.
Diseño de navegación: crea el sistema de rutas (los menús, enlaces, botones) que permite al usuario saltar lógicamente de una sección a otra sin confusión.
Diseño de información: consiste en organizar los datos. Jerarquiza y estructura el texto y las cifras dentro de una página para que el usuario pueda captar la idea principal y distinguir lo importante de lo secundario de manera instantánea.
Esta fase no se preocupa por el diseño visual o la estética.
Esta es la capa más visible y la única que el usuario ve directamente: el diseño visual. Aquí se elige la paleta de colores, la tipografía y la estética general.
Este elemento es clave para generar deseabilidad y fortalecer la marca, pero siempre debe estar supeditado a que la estructura y funcionalidad del sistema trabajen correctamente.
Los elementos de UX son una cadena de decisiones: la estrategia dicta el alcance, el alcance dicta la estructura, la estructura define el esqueleto y el esqueleto se cubre con la superficie.
Un fallo en cualquiera de ellos se traduce en una experiencia de usuario negativa.
Para que un producto digital tenga éxito, debe satisfacer al usuario en múltiples niveles.
A continuación, te presento los siete factores esenciales que, cuando funcionan juntos, aseguran que la interacción sea efectiva, memorable y genere la lealtad necesaria para el crecimiento del negocio:
Utilidad: el producto debe resolver un problema real o satisfacer una necesidad de manera efectiva. Si no sirve para nada, el diseño, sencillamente, falla.
Usabilidad: se enfoca en que la interacción sea fácil, intuitiva y eficiente de usar, reduciendo el esfuerzo cognitivo del usuario.
Deseabilidad: se trata de la estética, la marca y la emoción. Un diseño atractivo y una identidad coherente hacen que el usuario quiera usar el producto y se sienta conectado.
Accesibilidad: es asegurar que el producto pueda ser usado por la mayor cantidad de personas, incluyendo aquellas con discapacidades, o usando diferentes dispositivos.
Credibilidad: el diseño debe transmitir confianza, profesionalismo y seguridad para que el usuario esté dispuesto a compartir información o realizar transacciones.
Encontrabilidad (navegación intuitiva): se asegura de que el contenido y las funciones sean fáciles de localizar. El usuario debe poder encontrar lo que busca sin perderse en el sistema, lo cual es vital para la usabilidad.
Valor: es la combinación exitosa de todos los factores anteriores, consiguiendo que el producto ofrezca un beneficio superior al costo, lo cual beneficia la retención del cliente.
MailerLite te ayuda a crear emails accesibles que cumplen con todos los factores de la experiencia de usuario. Utiliza herramientas visuales y plantillas optimizadas para garantizar una UX inclusiva para todos tus suscriptores. Comienza a diseñar con accesibilidad.
Mejorar la experiencia de usuario no es un evento con inicio y fin, sino un ciclo constante de optimización basada en datos.
¡Conoce ahora mismo qué puedes hacer para mejorar la UX de tu negocio, consiguiendo un cambio en tres etapas!
Esta fase consiste en identificar exactamente dónde y por qué el usuario está fallando o frustrándose antes de proponer cualquier solución. Fíjate en estos consejos:
→ Combina datos cuantitativos y cualitativos: utiliza números de la analítica web para ver dónde abandona la gente y mapas de calor para ver dónde no hacen clic. Compleméntalo con entrevistas directas a los clientes para entender las emociones y el contexto detrás de esos números.
→ Mapea el viaje del cliente: traza el camino completo que el usuario recorre desde que conoce el producto hasta que lo usa regularmente. Esto revela los puntos de dolor críticos donde la experiencia se rompe y el cliente se va.
→ Hipótesis claras: con todos los datos recopilados, formula una creencia medible y específica. Por ejemplo: «Creemos que simplificar el formulario a solo tres campos aumentará la conversión en un 10%».
Con las hipótesis bien definidas, deberás enfocarte en crear la solución más usable, lógica y deseable para el usuario. Toma en cuenta esto:
→ Simplifica el flujo de usuario: la prioridad es la eficiencia. Elimina cualquier paso innecesario, reduce las opciones que puedan paralizar al usuario y asegura que las llamadas a la acción (CTAs) sean siempre claras y visibles.
→ Prioriza la consistencia: crea un sistema de diseño o guía de estilo para que todos los elementos (botones, colores, lenguaje) se vean y funcionen igual en todas las pantallas. Esto reduce la carga cognitiva del usuario y aumenta la confianza.
→ Diseña para todos: asegúrate de que el producto pueda ser usado fácilmente por la mayor cantidad de personas y comprueba que funcione perfectamente en cualquier dispositivo móvil.
→ Prototipado rápido, no perfecto: crea bocetos interactivos para probar las ideas clave con usuarios antes de que el equipo de desarrollo invierta tiempo y dinero en construir la solución final.
Esta es la prueba de fuego. Está diseñada para verificar si la solución cumplió con la hipótesis, y si mejoró la vida del usuario y los números del negocio. Toma en cuenta lo siguiente:
→ Realiza pruebas de usabilidad frecuentes: observa a usuarios reales interactuar con el producto o prototipo, pidiéndoles que piensen en voz alta. Identificar a dónde miran y dónde se confunden es la forma más rápida de encontrar fallos graves.
→ Optimización de velocidad (rendimiento): un producto lento o que tarda en cargar es, automáticamente, una mala UX. Pon cuidado en esto para mejorar el tiempo de carga del servidor y del código, ya que la velocidad es un factor clave de satisfacción.
→ Monitorea las métricas post-lanzamiento: mide el impacto real del cambio. Revisa si el porcentaje de conversión subió, si la tasa de abandono bajó y si el índice de satisfacción del usuario mejoró.
→ Adopta la iteración continua: los resultados de la medición no son un final, sino el inicio del nuevo ciclo de tu producto. El éxito de la UX depende de la capacidad de seguir mejorando el producto continuamente.
Aumenta el ROI y la conversión: un flujo de usuario optimizado elimina la fricción, elevando la tasa de conversión y el retorno de la inversión (ROI).
Reduce los costos de adquisición de clientes: un buen UX reduce la necesidad de invertir en publicidad intensa, ya que el producto atrae y retiene por su propia calidad y usabilidad.
Fomenta la lealtad y la retención: genera alta satisfacción del cliente y lealtad de marca, elementos más fuertes que el precio para la retención a largo plazo.
Genera diferenciación competitiva: se convierte en el activo más difícil de replicar por la competencia, creando una ventaja sostenible en el mercado.
Mejora la reputación: un UX excelente genera clientes que se convierten en promotores y contribuye a una reputación positiva de la marca.
La experiencia de usuario (UX) ha pasado de ser un detalle técnico a ser uno de los aspectos más potentes para el crecimiento, la lealtad de marca y la diferenciación con la competencia.
🔗 Es esencial porque es el vínculo directo que une los objetivos de la empresa (como generar más ganancias) con las necesidades del cliente (por ejemplo, obtener valor de forma fácil y eficiente).
Cuando la experiencia es mala, la frustración del usuario se convierte rápidamente en pérdidas financieras y un gran daño a la reputación de la marca.
Debido a esto, es esencial dedicar recursos a la optimización de la UX.
Pues sería una inversión estratégica que se traduce en mayores ingresos, aumento de la conversión y, simultáneamente, la disminución de los gastos operativos gracias a la reducción en el soporte al cliente.
Con lo cual, logras la lealtad de los usuarios y un crecimiento rentable a largo plazo.
Usa la personalización avanzada y los activadores automáticos de MailerLite para garantizar que cada email esté bien diseñado, sea fácil de entender, sea oportuno y también accesible. Haz que leerte sea un placer.
La experiencia del usuario (UX) se encarga de mejorar cómo interactúan las personas con un producto, servicio o sitio web, asegurando que sea fácil de usar, eficiente y satisfactorio. Su objetivo es que el usuario pueda cumplir sus objetivos de forma rápida y agradable, eliminando fricciones o dificultades durante la interacción.
El diseño de experiencia de usuario (UX design) es el proceso de crear productos o servicios digitales pensando en las necesidades, comportamientos y expectativas de los usuarios. Incluye investigar a los usuarios, diseñar la estructura del producto y probar su usabilidad para ofrecer una experiencia útil, intuitiva y agradable.
La experiencia del usuario puede describirse como el conjunto de percepciones, emociones y sensaciones que una persona tiene al interactuar con un producto o servicio. No solo depende del diseño visual, sino también de factores como la facilidad de uso, la utilidad, la accesibilidad y la satisfacción general que produce esa interacción.
Según el modelo de Jesse James Garrett, la UX se compone de cinco elementos o niveles: estrategia (objetivos del negocio y necesidades del usuario), alcance (funciones y contenidos del producto), estructura (organización de la información e interacción), esqueleto (disposición de elementos en la interfaz) y superficie (diseño visual final). Estos niveles se construyen uno sobre otro hasta crear la experiencia completa del usuario.